¿Estamos financiando el capital de trabajo por la puerta equivocada?

Por Paul Beller | paul.beller@concordiainvestments.com

Hace poco volví a Argentina después de muchos años viviendo y trabajando en el exterior.  Compré una casa, empecé a remodelarla y terminé pensando en capital de trabajo.

Deformación profesional.

Comprando materiales de construcción, muebles y equipamiento para la casa me encontré repetidamente con la misma modalidad.

La entrega era, en prácticamente todos los casos, a 45–60 días.

Y normalmente tenía dos opciones:

  1. dejar una seña de entre 50% y 70%, pagando el saldo contra entrega a precio de lista; o
  2. pagar 100% por adelantado y obtener un descuento que típicamente rondaba el 10% y, en algunos casos, llegaba al 20%.

Como consumidor, veía un descuento atractivo.  Como banquero, veía otra cosa.

¿Cuánto valor le estaba asignando esa empresa a recibir mi dinero 45 o 60 días antes?

Hagamos una cuenta simple.

  • Precio de lista: 100.
  • La empresa puede cobrar 50 hoy y 50 contra entrega.
  • Pero está dispuesta a cobrar 90 hoy si cancelo todo por adelantado.

En términos financieros, recibe 40 adicionales hoy y resigna los 50 que hubiera cobrado dentro de 45–60 días. Es equivalente a recibir 40 y devolver 50.

Un costo implícito del 25% por apenas 45–60 días. Anualizado de manera simple, estamos hablando de aproximadamente 150%–200% de interés.

Naturalmente, sería incorrecto considerar todo ese descuento como costo financiero. Puede incluir estrategia comercial, margen, costos de cobranza o el valor de asegurar la venta.

Pero la magnitud invita a preguntarse:

¿Por qué vale tanto recibir esa caja hoy?

Creo que parte de la explicación está en cómo muchas empresas argentinas aprendieron a financiar su capital de trabajo.  El cliente adelanta el dinero.   La empresa utiliza esos fondos para comprar materia prima, fijar costos, proteger márgenes y producir.  Y si el cliente no quiere utilizar su liquidez, puede financiar la compra con tarjeta o incluso con un préstamo personal.

La cadena termina siendo:

El sistema financiero financia al consumidor, el consumidor financia a la empresa y la empresa financia su producción.

No creo que haya sido una mala solución.  Al contrario. Fue una adaptación inteligente a una economía caracterizada durante muchos años por alta inflación, volatilidad y escaso crédito empresario a tasas razonables.

Pero ahora aparece una pregunta diferente.

¿Qué está financiando realmente el sistema financiero?

Formalmente, cuando un banco otorga crédito mediante una tarjeta o un préstamo personal, está financiando al consumidor.  Pero si ese consumidor utiliza el crédito para adelantarle 60 días de caja a una empresa que todavía no produjo ni entregó el bien, económicamente una parte de ese financiamiento está terminando en el capital de trabajo de la compañía.

Y esto ocurre en un momento en que el crédito a las familias muestra señales de tensión.  La mora bancaria de los hogares pasó de 9,3% en diciembre de 2025 a 12,8% en junio de 2026, mientras que la de empresas pasó de 2,5% a 3,5%. Entre los proveedores no financieros de crédito, la irregularidad alcanzaba en febrero 19,4% en tarjetas y 34,1% en préstamos personales.

No estoy sugiriendo que este mecanismo explique esa morosidad.  Sería una conclusión que los datos no permiten hacer.

Pero sí creo que vale la pena formular una pregunta:

Si la necesidad económica de financiamiento está en la empresa, ¿no sería más eficiente financiar directamente a la empresa?

Especialmente cuando hablamos de buenos negocios, con ventas comprobables, márgenes adecuados y un ciclo de producción identificable.   Un banco, fintech o fondo podría analizar el riesgo de esa compañía, su flujo de ventas, órdenes de compra, inventarios, proveedores y capacidad de generación de caja, y financiar específicamente esos 45–60 días.  La empresa podría reducir el costo de su capital de trabajo. El consumidor no tendría que inmovilizar todo su dinero antes de recibir el producto.  Y el sistema financiero estaría financiando directamente al agente que realmente necesita la liquidez.

De hecho, el proceso ya está avanzando: durante 2025, el financiamiento para capital de trabajo fue el principal motor del crecimiento del crédito a empresas y explicó 52% del incremento anual de esos saldos.  Quizás, entonces, una de las oportunidades financieras más interesantes de la Argentina que viene esté delante de nuestros ojos:

Migrar de un modelo donde el cliente financia estructuralmente a la empresa hacia otro dónde la empresa pueda financiar eficientemente su propio ciclo productivo.

Eso sería bueno para las empresas.  Bueno para los consumidores.  Y una enorme oportunidad para bancos, fintechs y private credit.

Después de muchos años trabajando en banca, crédito y riesgo, esta experiencia me dejó una pregunta que me interesa poner sobre la mesa:

¿Cuánto capital de trabajo empresario estaremos financiando hoy, sin verlo claramente, a través de las tarjetas y préstamos personales de los consumidores?

Fuentes

  • BCRA, Informe sobre Bancos – diciembre de 2025 y junio de 2026.
  • BCRA, Informe de Proveedores No Financieros de Crédito – junio de 2026.
  • BCRA, Informe de Inclusión Financiera – segundo semestre de 2025.